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PERSONALIDAD

 

 

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Introducción
Objetivos

 

 

Introducción

Este bloque temático  se dedica al estudio de la personalidad considerada ampliamente, pues aborda las dos orientaciones y objetivos básicos que tradicionalmente, y aún en la actualidad, han venido caracterizando su conceptuación y estudio. Se trata, específicamente, por un lado, del estudio de la estructura de la personalidad, de sus rasgos y, por otro, de los procesos o dinámica de la personalidad, o exploración del modo en que esos rasgos se despliegan y desarrollan en las situaciones en las que las personas actúan.

Partiendo de un modelo internalista de la personalidad, en donde se enfatiza el origen interno en la explicación de la conducta, en detrimento de los factores externos o situacionales, el estudio de los rasgos ha estado caracterizado tradicionalmente por un objetivo esencial, la exploración de cuántos cuáles son los rasgos o propiedades que conforman la personalidad. En este sentido, a lo largo del tiempo han ido surgiendo diversos modelos teóricos que han intentando responder a esta primera inquietud de los psicólogos de la personalidad. De entre ellos han destacado tres: dos de ellos, el modelo de 16 factores primarios de Cattell y el modelo de 5 factores, no han asumido, para su elaboración, unos antecedentes teóricos, sino que se han derivado a partir del análisis de los términos del lenguaje habitual; el tercero, por el contrario, el modelo PEN de Eysenck, de tres factores, sí que se ha basado en teorías previas acerca del funcionamiento neurofisiológico del Sistema Nervioso, que le han conferido un carácter tanto descriptivo como explicativo.

Sin embargo, a medida que la investigación sobre la personalidad ha ido avanzando, algunos autores han venido abogando por una integración de las diferentes propuestas, guiada por una cuestión clave: ¿cuál es el número idóneo de factores (y, por tanto, qué modelo) que permiten definir de manera comprensiva, pero también parsimoniosa, la estructura de la personalidad? En este sentido, se describen varias propuestas integradoras, entre las que sobresale principalmente una, la posibilidad de contemplar una estructura básica de 5 factores.

Por otro lado, y paralelamente al desarrollo del modelo de los rasgos, otros autores han levantado sus voces críticas para denunciar la escasa relevancia de los rasgos a la hora de explicar la conducta del individuo, a consecuencia del carácter meramente descriptivo, global y estático de los mismos. Y no sólo eso, según estos críticos, desde planteamientos situacionistas (p.ej. Mischel) la validez misma del rasgo es cuestionable, pues la conducta de las personas no parece ser tan consistente ni estable como se afirma desde los citados modelos; antes al contrario, parecen ser las características externas a la persona, las situaciones, las que determinan la consistencia o no de esa conducta.

Ahora bien, el carácter radical de las críticas provenientes de la concepción situacionista de la personalidad se tradujo en una respuesta contundente por parte a que los psicólogos de los rasgos, que advertían del peligro de ignorar la información que estos proporcionan, aunque al mismo tiempo, no tuvieron más remedio que atribuir un papel más relevante a las situaciones en la explicación de la conducta. Ello se tradujo en la aparición de los modelos interaccionistas de la personalidad, en donde se considera que tanto la persona como la situación, en interacción, son los dos factores responsables de la conducta. Ha sido desde estos modelos como la Psicología de la personalidad ha podido desarrollar conceptual y empíricamente el segundo de los objetivos que la definen (el primero es el descriptivo), a saber, el estudio de los mecanismos funcionales y procesuales que subyacen al funcionamiento de los rasgos cuando interactúan con la situación, traduciéndose finalmente en conducta.

Para cumplir con este segundo objetivo, sin embargo, la Psicología Diferencial y de la Personalidad de carácter procesual, necesitó idear nuevas unidades de análisis diferentes a los rasgos. Estas nuevas unidades, denominadas de medio nivel (expectativas, metas, creencias, afectos, valores, etc), por su carácter más contextualizado, cercano a la situación, permiten vincular los rasgos con la conducta que desarrolla el individuo en distintos momentos y situaciones, y, por ello, ayudar a explicar esa conducta.

es); y 2) la explicación de su comportamiento (cómo actúa, qué hace). Gracias a ello, el valor explicativo y predictivo de los rasgos queda fortalecido.


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Objetivos

Teniendo en cuenta este planteamiento inicial, los objetivos generales y específicos que guiarán el estudio de estos dos temas son los siguientes:

OBJETIVOS GENERALES
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Conocer cuáles han sido los antecedentes y supuestos de partida de los modelos estructurales y procesuales de la personalidad, así como sus puntos de fricción Identificar cuál ha sido el proceso de aparición, desarrollo y consolidación de ambos tipos de modelos
Conocer qué dificultades y debilidades han caracterizado inicialmente a los modelos estructurales, y cómo aquéllas han revertido en una ampliación de la perspectiva y de los objetivos de estudio, con un carácter más dinámico y explicativo
Comprender qué son los rasgos de personalidad y la lógica que subyace a su formulación Delimitar cuál es la naturaleza de los rasgos, y qué es lo que aportan a la Psicología de la personalidad
Ver qué diferencia a los rasgos de otras unidades de análisis utilizadas en personalidad (estados, unidades cognitivo-afectivas)
Conocer cuáles son los modelos estructurales y procesuales de personalidad más relevantes Identificar qué fuentes de datos parten los distintos autores para elaborar sus modelos
Conocer la metodología empleada por los distintos modelos de personalidad
Identificar las unidades de análisis utilizadas por ambos modelos para describir y explicar la personalidad
Conocer diversas posibilidades de integración y diálogo entre las perspectivas estructural y procesual de la personalidad Conocer qué mecanismos permiten esa integración
Especificar qué estrategias de estudio pueden utilizarse para hacer viable la compatibilidad entre ambas aproximaciones
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