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INTELIGENCIA

 

 

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RESUMEN


En este bloque temático se han abordado aspectos centrales en el estudio de la inteligencia: su naturaleza y estructura y por otra parte, la inteligencia desde los aspectos procesuales, cognitivos, biológicos y sistémicos.

Se han recogido, siguiendo a Sternberg (1990), aquellas analogías más relevantes para el área de las diferencias individuales (la metáfora geográfica, la computacional, la biológica, la antropológica y la sistémica), haciendo referencia, asimismo, a las ventajas y desventajas de cada una de estas aproximaciones.

A lo largo de la historia del estudio de la inteligencia humana, se han dado diferentes polémicas, en relación a su naturaleza y a su estructura. Con respecto a su naturaleza: se trata de procesos mentales simples vs. procesos mentales complejos, de orden superior. En relación con su estructura, la discusión se ha centrado sobre el número de factores (unidimensional / multidimensional) que componen la inteligencia, y sobre cómo se organizan.

Este contexto propició la aparición de dos modelos que defendían una organización jerárquica "pura" de las capacidades mentales. En concreto, el modelo de Burt que concibe cinco niveles mentales dentro de los que se ubican las diferentes capacidades mentales, y la teoría general de la inteligencia de Vernon que plantea la existencia de cuatro niveles en los que se organizan los factores. Estos modelos son considerados jerárquicos puros, ya que consideran que las capacidades mentales se organizan jerárquicamente, y en la cúspide de dicha estructura jerárquica se sitúa el factor "g" postulado por Spearman.

Posteriormente apareció el modelo jerárquico mixto de Cattell y Horn, que afirma que las capacidades intelectuales se organizan jerárquicamente, según su grado de generalidad e importancia, pero no concluyen que exista un factor "g" que resuma las relaciones entre todas las aptitudes mentales. Estos autores dan gran importancia a dos factores de segundo orden, denominados inteligencia fluida e inteligencia cristalizada. Por último, cabe destacar el interés que suscitan los dos modelos más integradores. Por una parte, el modelo factorial jerárquico HILI de Gustafsson, que empleó el análisis factorial confirmatorio, a diferencia del resto de autores que utilizaron el exploratorio. Este autor, al estudiar qué estructura factorial se ajustaba mejor a los datos empíricos, dedujo que las capacidades intelectuales se organizaban en una estructura jerárquica con tres niveles de diferente generalidad, de tal forma, que en el nivel más específico están las aptitudes primarias propuestas por Thurstone y Guilford, en el nivel intermedio factores más generales como los propuestos por Cattell y Horn, y por Vernon, y finalmente en la cúspide de la jerarquía sitúa al factor "g" de Spearman.

Por otra parte, el modelo de los tres estratos de Carroll supone la mayor integración de teorías estructurales de la inteligencia. Su ingente y meritoria labor investigadora le llevó a postular la existencia de tres estratos, organizados jerárquicamente, en los que se disponen las capacidades mentales. En el primer estrato se sitúan las capacidades más específicas, en el segundo ocho factores explicarían las relaciones entre los factores del primer nivel, y en la cúspide de su pirámide se situaría la "inteligencia general" como capacidad rectora e integradora de todas las demás. La obra de este autor supone la síntesis final de la mayor parte de los modelos existentes sobre la estructura de la inteligencia (Juan-Espinosa, 1997), y la descripción más exhaustiva del mapa de las capacidades cognitivas de la inteligencia humana.

En conclusión, aproximadamente el 80% de la variación existente en habilidades intelectuales está basada en unos 30 elementos básicos. La evidencia es considerable a favor de un factor "g" de 3er orden, y una variación en los procesos primarios que puede organizarse en torno a unas 8 o 9 habilidades de 2º orden (Gf, Gc, y otros factores amplios relativos a la memoria, la fluidez ideacional, habilidades perceptuales o a un factor de rapidez mental general). Faltaría por dictaminar si "g" puede equipararse en buena medida al factor de inteligencia fluida, como parece desprenderse de algunos estudios (Gustafsson, 1984). La estructura de la inteligencia es considerada, en última instancia, una jerarquía flexible. En este sentido, varios autores recomiendan que, a la hora de construir un test, loa autores utilicen el nivel de jerarquía más apropiado para sus propósitos (ej. Humphreys, Carroll).

Desde la perspectiva procesual de la investigación en inteligencia se da respuesta a lo que se denominó el segundo estadio de una Psicología de las Diferencias Individuales actual, cuyo objetivo fundamental es la comprensión de la naturaleza misma de la inteligencia para poder elaborar modelos teóricos explicativos en los que, ya no solo podamos describir y diagnosticar el nivel de competencia intelectual de las personas, sino también conocer el por qué del mismo.

Este acercamiento viene marcado, por una parte, por el desarrollo de la Psicología Diferencial Cognitiva, gestada a partir de la integración de la Psicología Cognitiva y la Psicología Diferencial, y, por otra, de los avances tecnológicos en materia de investigación neuropsicológica permitiendo, así, un análisis cada vez más fiable de los mecanismos biológicos responsables del funcionamiento cognitivo.

En lo que respecta a los enfoques derivados de la Psicología Cognitiva, estos pueden agruparse, por un lado, en torno a aquellos centrados en la perspectiva Galtoniana, y cuyo interés es establecer la relación entre los factores de inteligencia psicométricos y los procesos cognitivos elementales a partir del rendimiento en tareas simples sin significación psicológica basadas en el TR o el TI (como los modelos basados en la velocidad mental), en paradigmas experimentales de la Psicología cognitiva suficientemente probados con tareas de dificultad moderada (como en el enfoque de los correlatos cognitivos) y cuyos resultados, si bien son positivos, no son totalmente esclarecedores.

Por otro lado, los enfoques más cercanos a la perspectiva inicial de Binet sobre la consideración de procesos complejos, de orden superior recogerán modelos como los desarrollados en el enfoque de los componentes cognitivos, que trabajan con el estudio pormenorizado de los procesos básicos que comporta la ejecución de cualquier tarea cognitiva compleja, como los tests de inteligencia psicométricos. Los resultados obtenidos son prometedores, aunque aún se necesita investigar más sobre los procesos implicados en una gama más amplia de tareas.

La perspectiva biológica de la inteligencia está orientada hacia el estudio del funcionamiento del cerebro en relación a los procesos fisiológicos que podrían sustentar un rendimiento intelectual más eficiente. Las líneas de investigación que se han centrado en su funcionamiento neuronal, buscando una relación de tales aspectos con las medidas procedentes de la perspectiva cognitiva y psicométrica, suponen un acercamiento entre la vertiente física y psicológica en el estudio de la inteligencia. En este tema se exponen algunos de los resultados procedentes de las investigaciones más innovadoras al respecto, entre los cuales podemos entresacar los siguientes datos:

  • Según los estudios de TR, TRE y TI, la velocidad de conducción nerviosa parece estar relacionada con la inteligencia valorada psicométricamente, de forma que a mayor inteligencia, mayor rapidez y consistencia (menos oscilaciones) en el tiempo empleado en emitir una respuesta ante estas tareas simples. Sin embargo el hecho de que las correlaciones halladas entre g y los mencionados parámetros rara vez supere el 0,5, hace pensar que la inteligencia medida psicométricamente es un concepto más amplio que no queda circunscrito a la velocidad de transmisión neural. Por otra parte, es necesario señalar que los datos aportados por tales estudios se prestan a diferentes interpretaciones.
  • Desde las investigaciones que han relacionado las características de los potenciales evocados (PE) e inteligencia, se pone de manifiesto que existe una correlación negativa entre el nivel de inteligencia y la latencia y la variabilidad de los PE. En el caso de la medida de los PE referida a la amplitud, la correlación con la inteligencia sigue siendo negativa en el caso de que los estímulos ante los que el sujeto reacciona sean esperados, sin embargo, ante estímulos inesperados las personas más inteligentes presentan una mayor amplitud en sus PE. Dos teorías, las propuestas por Schafer (1982) y Hendrickson y Hendrickson (1980) tratan de justificar estos datos.
  • Respecto al consumo de energía cerebral y su relación con la inteligencia, los datos parecen apuntar dos hechos: 1) que cuanto mayor es el consumo energético en determinadas zonas del cerebro, mayor es la actividad de las neuronas allí situadas; y 2) que los cerebros de las personas más inteligentes, en comparación con los de personas menos inteligentes, consumen menos glucosa ante tareas que no conllevan mucha dificultad o sobre las que ya tienen práctica; así pues, podemos decir que tanto la práctica como una mayor inteligencia son factores que reducen el consumo de energía cerebral.
  • Aunque la supremacía de la inteligencia humana se debe, en gran medida, a la diferencia que mostramos con los animales en la zona del neocórtex cerebral, la clave del aprendizaje y de la memoria está situada en las relaciones neuronales, más que en las neuronas individuales, de forma que es la interconexión neuronal, las redes neuronales, el aspecto fundamental en eficacia intelectual.

Finalmente, este bloque temático aborda las nuevas aproximaciones a la comprensión de la naturaleza de la inteligencia basadas en una concepción sistémica de la misma, en la que no sólo se contemplan los procesos cognitivos que acaecen en el mundo interno del individuo, sino también todo aquello que acaece en la relación del individuo con su entorno inmediato, y en donde la persona tiene un papel activo frente al medio, así como en el contexto cultural en el que se desarrolla. En este marco, la Teoría Triárquica de R.Sternberg define este rico entramado de relaciones y su repercusión para un desarrollo y manifestación de competencias cognitivas, y la Teoría de las Inteligencias Múltiples de H.Gardner expande el ámbito de aplicación del concepto inteligencia a otras áreas de actuación del ser humano habitualmente no consideradas en las teorías psicométricas clásicas, en donde, este, puede manifestar habilidades específicas.