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HISTORIA

 

 

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CURIOSIDADES


Darwin fue un joven naturalista que se embarcó en el Beagle para realizar un viaje científico alrededor del mundo entre los años 1831 y 1836, quedando profundamente impresionado por las variaciones intra y entre especies encontradas, particularmente, en Sudamérica. Observó la existencia de numerosas formas naturales, cada una de las cuales se adaptaba especialmente a su hábitat particular, de forma que le fue fácil imaginar que cada subespecie descendía de un antepasado común y había sido seleccionada para adaptarse a alguna parte del ambiente. A su regreso a Inglaterra Darwin comenzó a reunir datos sobre las especies, sobre sus variaciones y origen, interesándose por la fuerza que, de forma semejante al ideal del criador en la selección artificial, provocaba la adaptación en las especies. No podía aceptar como explicación el impulso innato a la perfección que había defendido Lamarck, suponiendo que la causa de la selección residía fuera del organismo, aunque no sabía donde. 

Darwin encontró la respuesta en 1838, mientras leía el libro del sociólogo Thomas Malthus (1766-1834), Ensayo sobre el principio de la población, en el que se trataba una cuestión que había sido fuente de inquietud en la Ilustración tardía y que hacia referencia a la existencia de la pobreza, el crimen y la guerra a pesar del progreso científico. La respuesta de Malthus fue que, aunque había mejorado la productividad humana, el crecimiento de la población siempre superaba al suministro de los alimentos, de manera que se planteaba una lucha de demasiadas personas por unos recursos escasos. Esta explicación sirvió de fundamento a la teoría de Darwin: la lucha por la supervivencia era lo que causaba la selección natural. Las variaciones desfavorables se eliminaban y sólo los competidores más exitosos tenían herederos.

Sin embargo, Darwin nunca fue capaz de explicar el origen de las variaciones y la naturaleza de su transmisión. Es una ironía de la historia que, al mismo tiempo que este autor escribía su obra Origin of species, un monje polaco llamado Gregor Mendel (1822-1884) se encontraba trabajando, en el más completo anonimato, en cuestiones relacionadas con la herencia, trabajo que ofreció finalmente, la respuesta a las dificultades de la teoría darviniana. El trabajo de Mendel fue publicado e ignorado en 1865, no fue hasta 1900 cuando se valoró el interés de sus investigaciones.

Darwin escribió sus ideas en 1842, pero no buscó publicación para las mismas en ese momento. El 18 de junio de 1858 recibiría una carta sorprendente; un joven naturalista Alfred Russel Wallace (1823-1913), que también había estado en Sudamérica y había leído a Malthus, había llegado a las mismas conclusiones que él sin conocer su obra. Estos acontecimientos obligaron a Darwin a actuar. Quería ser conocido como el descubridor de la selección natural, pero también hubiera sido indecoroso negar el mérito de Wallace. Así pues, Darwin y sus amigos propusieron que en la sesión, cerebrada el 1 de julio de 1858, de la Linnean Society of London, se estableciera a Darwin y a Wallace como co-descubridores de la selección natural. Darwin nunca llevó a cabo la realización de una campaña a favor de la realidad de la evolución para convencer a los científicos y al público. Era algo hipocondríaco y, según su biógrafo Irvine (1959), se convertiría en un “paciente perfecto” recluido en su casa de campo tras el regreso de su viaje en el H.M.S. Beagle. El encargado de luchar públicamente por la defensa de tesis de la selección natural sería Henry Huxley (1825-1895), hecho que le valió el calificativo de “el bulldog  de Darwin”.

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PRINCIPALES CONTRIBUCIONES DE DARWIN AL ESTABLECIMIENTO DE LA PSICOLOGÍA DIFERENCIAL

  • La obra de Darwin implicó una revolución metodológica para la psicología al vincular estrechamente el psiquismo humano con las ciencias biológicas, lo que le permitiría convertirse en una ciencia natural, abriendo sus puertas a nuevas orientaciones teóricas y temáticas.  
  • Con Darwin el estudio de las diferencias individuales (entendidas como variaciones relevantes) pasa a constituirse en elemento básico de un sistema teórico, y la importancia concedida a dichas diferencias propicia que, éstas, sean consideradas el auténtico motor de la evolución de la naturaleza derivando posteriormente, entre otras cosas, en la constitución de un nuevo ámbito científico: la Psicología de las diferencias individuales. Éste hará referencia a la amplitud de dichas diferencias en variables mensurables a partir de una metodología científica y bajo una orientación marcadamente geneticista.
  • La orientación seguida por Darwin influirá en lo positivo y negativo de algunos de los aspectos de la Psicología Diferencial al considerar que es necesario demostrar: 1) que las variaciones interindividuales presentes en un momento dado de la evolución son suficientemente amplias como para poder afirmar la existencia de una diferenciación apreciable en las oportunidades de la supervivencia, y 2) que existe un cierto grado de estabilidad de estas variaciones de una generación a la siguiente.
  • Por último, el concepto de adaptación al ambiente planteará a los psicólogos algunas de las grandes cuestiones acerca del tipo de relación existente entre el entorno, con sus demandas, y el ser humano, así como en relación a las consecuencias de dicho intercambio.

(Caparrós, 1976; Reuchlin, 1957; Sánchez Canovas, 1983)

EL LABORATORIO ANTROPOMÉTRICO DE GALTON

A fin de obtener muestras amplias acerca de las capacidades humanas y sus límites, extendiendo, así, al ámbito de las funciones psicológicas las aportaciones y metodología característica de la antropometría del siglo XIX aplicadas a la variabilidad morfológica de los individuos, Galton, por entonces funcionario en el South Kensington Museum, inauguraría durante la International Health Exhibition de 1884 el denominado Laboratorio Antropométrico, cuyo funcionamiento se prolongó más allá de lo previsto siendo trasladado con posterioridad al South Kensington Museum de Londres, donde habría de permanecer en funcionamiento a lo largo de 6 años.  

Con la publicidad llevada a cabo, Galton consiguió, no sólo una impresionante recogida de datos relativos a un elevado número de atributos y facultades, sino, además, que todos los sujetos le pagasen religiosamente por conseguir un informe completo de sus capacidades físicas y mentales. Tal y como señalan Kirby y Radford (1976), Galton se convirtió, de este modo, en el único psicólogo que pudo cobrar de sus sujetos experimentales en vez de tener que pagarles por acudir a las pruebas. En resumen, podemos decir que en este laboratorio nació el concepto y la práctica de las pruebas psicológicas para evaluar las distintas facultades humanas.

EL LABORATORIO FRANCIS GALTON PARA LA EUGENESIA NACIONAL

Buss (1979) refiere que el interés que Galton sintió en los últimos años de su vida por la aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento físico y mental de la especie humana, a través de la crianza selectiva, tuvieron importantes repercusiones. Galton pretendía denominar la ciencia que debía sustentar y dar orientación a la selección artificial, de forma análoga a la que ya se practicaba con otras especies animales. En este sentido, el conocimiento perseguido por Galton tenía como meta, en última instancia, la selección humana y la mejora de la raza. Con la introducción en 1883 del término “eugenesia”, Galton instauró el movimiento eugenésico, cuyas repercusiones socio-culturales habrían de generar, obviamente, fuertes polémicas.

Esta idea quedo sustentada con la creación, en 1904, del Laboratorio Francis Galton para la Eugenesia Nacional en Londres y la fundación, en 1909, de la revista The Annals of Eugenics (Miller, 1968). Este tipo de iniciativas conectaba con los problemas de previsión social a los que se enfrentaba la administración británica debido, por un lado, al fuerte movimiento migratorio interno y a un aumento de la pobreza y, por otro, a la preocupación por las “enfermedades sociales o morales” y la degeneración de la población que existía en aquella época (Rosa, 1998). Desafortunadamente, la práctica de la eugenesia, reflejada en la “limpieza étnica” que alcanzaría, en principio, su punto álgido en la segunda guerra mundial, ha estado presente a lo largo de todo el siglo XX, así como en estos comienzos del siglo XXI. En los Estados Unidos, la práctica de la esterilización forzosa de los llamados débiles mentales, delincuentes, pobres y enfermos mentales afectó a decenas de miles de personas en una gran parte del siglo pasado, concretamente, de 1905 a 1972. 

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LOS “ARTILUGIOS” Y PRUEBAS EXPERIMENTALES DE GALTON 

Algunos ejemplos de los aparatos y pruebas diseñados por Galton son: el “silbato de Galton” (que empleó para determinar la percepción de sonidos agudos), las pruebas para la visión cromática y la discriminación visual, las utilizadas para medir la sensibilidad cinestésica (p. ej., dándole a los sujetos cajas de cartuchos rellenos con perdigones, con guata y con lana de idéntica apariencia, para ver cómo distinguían entre las más pesadas y las más ligeras), o el olfato (prueba de sensibilidad al perfume de unas rosas), etc. (Miller, 1968).  

En su Laboratorio antropométrico en Londres, junto a mediciones físicas, Galton administraba pruebas sensoriales para evaluar el nivel de discriminación y los tiempos de reacción.  

No obstante, podemos decir que el posicionamiento de Galton respecto al método fue bastante ecléctico, sobre todo si tenemos en cuenta que también utilizó la introspección para estudiar las imágenes mentales, concibió el primer test de asociación libre y examinó una amplia variedad de facultades humanas y de estados mentales, desde la memoria al aburrimiento o la eficacia de la oración. Una compilación de estos datos la podemos encontrar en su obra Inquiries into the human faculty and its development, publicada en 1883, obra que marcó el inicio de la moderna evaluación psicológica, a la que iba a dar continuidad James McKeen Cattell. 

EL DESARROLLO DE LA CRONOMETRÍA MENTAL COMO HERRAMIENTA EXPERIMENTAL PARA EL ESTUDIO DE LAS DIFERENCIAS INDIVIDUALES

Desde las aportaciones de Hermann von Helmholtz (1821-1894) sobre la velocidad de la conducción nerviosa y los estudios de Ernst Heinrich Weber (1795-1878), hasta la ley matemática formulada por Gustav Theodor Fechner (1801-1887) relacionando la magnitud del estímulo y la fuerza de la sensación, las investigaciones sobre tiempo de reacción fueron realizadas bajo un enfoque general que ignoraba, o al menos no tenía en cuenta, el problema de las diferencias individuales. Esta fue la tendencia de las actividades científicas iniciadas por Wilhem Wundt en 1879 en su laboratorio de Leipzig, adoptando los métodos experimentales de la psicofisiología con el objetivo de aislar los contenidos de la conciencia de la mente adulta normal, supuestamente “general” (Quintana y Tortosa, 1998).

Sin embargo, al margen de los avances procedentes de las ciencias naturales y aplicadas, otros acontecimientos evidencian que en este momento histórico el ambiente científico era favorable al análisis de las diferencias individuales. Uno de estos hechos, buena prueba de las dos corrientes metodológicas divergentes referidas, es el desarrollo de los estudios sobre la variabilidad en los tiempos de reacción de distintas personas, cuyo origen anecdótico se sitúa en 1796 en la distinta interpretación de un mismo hecho acaecido en un campo científico bastante lejano a las cuestiones humanas: la astronomía.
No serían psicólogos, sino astrónomos, los primeros que detectaron empíricamente, bastante tiempo atrás, la existencia de diferencias individuales en los procesos psicofísicos. Ciertamente, no debió de resultar una experiencia muy grata para Kinnebrook (ayudante del astrónomo real del observatorio de Greenwich, Maskelyne) ser despedido de su trabajo en 1795 por las discrepancias observadas en sus registros sobre los tiempos de sucesos estelares como el paso de una estrella, con respecto a los del jefe del observatorio (lo que Maskelyne consideró un error del aprendiz).

Años más tarde, el astrónomo alemán Friedrich Wilhelm Bessel (1784-1846) analizó este suceso comparando sistemáticamente los tiempos de tránsito que apuntaban varios de sus colegas, descubriendo así que todos diferían en la velocidad de sus registros, observación que le llevó a formular en 1816 la llamada “ecuación personal”. Esta ecuación representa la diferencia en segundos entre las observaciones realizadas por dos sujetos cualquiera sobre un mismo fenómeno. Esta medición permitía corregir los cálculos de las posiciones de las estrellas, bajo el supuesto de que las diferencias individuales fueran estables. Sin embargo, dicha estabilidad se revelaría falsa al constatar, posteriormente, que existían oscilaciones en la ecuación personal en distintas situaciones. No obstante, este hecho resulta de especial trascendencia en la naciente Psicología Diferencial ya que representaba un reconocimiento temprano de la existencia objetiva de diferencias en las capacidades de los seres humanos, tanto inter como intraindividualmente (Sánchez Cánovas y Sánchez López, 1999). En cualquier caso, estos estudios sobre tiempo de reacción realizados en el siglo XIX parten de una línea de investigación diferente a los estudios fisiológicos que llevaron a la constitución de la psicofísica moderna, primera forma de psicología experimental.

Entre las aportaciones experimentales surgidas en esta época podemos referirnos al procedimiento objetivo denominado “método sustractivo” ideado por Franz Cornelius Donders (1818-1889), cuya pretensión era inferir la acción de los procesos mentales complejos a partir del tiempo de reacción en múltiples variantes (tiempo de reacción simple, de discriminación y de elección), dando origen a la cronometría mental como método experimental. Este procedimiento será ampliamente utilizado en nuestra disciplina, especialmente en el campo de la inteligencia. Sin embargo, tal como apunta Leahey (1980) esta línea de estudio experimental entraría en una vía muerta a comienzos del siglo XX debido, precisamente, a las dificultades que planteaba la existencia de diferencias individuales para un marco general de investigación. No será hasta la década de los años sesenta cuando la cronometría mental experimente un resurgimiento de la mano de la psicología cognitiva.

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