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OBJETIVO, INTRODUCCIÓN Y PRESENTACIÓN DEL CURSO


El curso de Filosofía de las ciencias sociales que aquí ofrecemos se origina en sendas asignaturas que impartimos en las Licenciaturas de Filosofía y de Antropología social y cultural en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. El curso, en ambos casos, se basa en el manual de Filosofía de las ciencias sociales preparado por el equipo docente y editado por la UNED en 2005, que se puede descargar aquí.

El manual, con todas sus imperfecciones, nuestro manual pretende ofrecer una introducción a la materia teniendo en cuenta que para muchos de nuestros alumnos éste será su primer contacto con una asignatura propiamente filosófica en la universidad, así como el hecho de que muchos de ellos se enfrentarán a su estudio sin la ventaja de contar con clases presenciales. Hemos intentado que la obra resultara bastante más accesible de lo que suele ser habitual en otros libros introductorios (tanto en éste como en otros temas), sin renunciar por ello a la profundidad de los contenidos ni al carácter sistemático del enfoque.

El objeto central de esta asignatura es el análisis de la explicación científica y su propósito es normativo: aprender a distinguir una buena explicación de una mala, de modo que al aceptarla, incrementemos positivamente nuestros conocimientos. Vayamos por partes.

¿Qué es el conocimiento científico? Pensemos que de ordinario nos servimos de información contenida en proposiciones. Por ejemplo, las oraciones "La nieve es blanca" y "The snow is white" contienen la misma información (la misma proposición), aunque expresada en dos lenguajes distintos (inglés y castellano). El conocimiento científico es información expresada en proposiciones adecuadamente justificadas. ¿En qué consiste esa justificación? Por una parte, a los científicos les interesa establecer proposiciones verdaderas (o aproximadamente verdaderas): pensemos, por ejemplo, en la proposición “La Tierra gira en torno al Sol”. Para establecer su verdad no basta con mirar al cielo –es más, si miramos parecerá más bien que gira el Sol y no la Tierra. Los astrónomos sólo se convencieron de que “La Tierra gira en torno al Sol” es una proposición verdadera cuando pudieron derivarla de una proposición más general sobre el movimiento planetario. Por ejemplo, a partir de la ley enunciada por Newton según la cual Fuerza es igual a masa por aceleración; de ella se puede inferir la ley de Kepler sobre el movimiento de los planetas en órbitas elípticas, que nos proporciona predicciones precisas sobre su desplazamiento que podemos comprobar empíricamente.



En otras palabras, para aceptar como conocimiento científico una proposición tenemos que atender a (1) su correspondencia con los datos observables y (2) su justificación a partir de otras proposiciones más generales. Esta justificación constituye un argumento. Un buen argumento, adecuadamente confirmado, constituye una explicación: una introducción panorámica a este concepto se encuentra en el tema 2. En el tema 3 veremos un tipo de argumentos que suele considerarse un modelo canónico de explicación científica (la explicación nomológico-deductiva). Con la vista puesta en el éxito de este modelo, podremos evaluar (en los temas 4 y 5) el alcance de otros dos tipos de explicación utilizados con mucha frecuencia en ciencias sociales: la explicación funcional (“Algo sucede porque es beneficioso para alguien”) y la explicación intencional (“Alguien hace algo porque quiere conseguir X”).

En este curso adoptamos una tesis de la que muchos discrepan: la explicación intencional constituye la mejor de las explicaciones que podemos alcanzar en ciencias sociales, y su mejor formulación nos la proporcionan dos teorías matemáticas (la teoría de la decisión y la teoría de juegos, ampliamente utilizadas en economía y, en menor medida, en algunas disciplinas sociológicas y politológicas). Una explicación intencional pretende dar cuenta de por qué alguien toma racionalmente una decisión a partir de sus deseos y creencias. Podemos construir un modelo matemático de ese proceso (tema 5) y podemos ampliarlo (tema 6) para explicar también por qué a veces tomamos nuestras decisiones de acuerdo con lo que esperamos que otras personas decidan: por ejemplo, cuando voto por un partido que no es mi favorito en la expectativa que será la decisión de la mayoría y pueda gobernar (“el voto útil”).

Estos modelos matemáticos de explicación intencional suponen un modelo muy exigente de racionalidad (por lo que a menudo son criticados): un individuo debe ser capaz de discernir cuál de entre las alternativas que se le ofrece maximiza la satisfacción de sus preferencias. En el tema 7 estudiamos un concepto más realista de racionalidad con el que construir explicaciones intencionales. Una objeción que también recibe a menudo esta estrategia explicativa es la de que resulta “individualista”. En el tema 8 estudiaremos los problemas de la alternativa “holista”: intentar dar cuenta de las decisiones individuales a partir de su determinación por el “todo” social.

Los dos últimos temas del curso presentan a modo de epílogo dos problemas filosóficos más generales: dado que las explicaciones en ciencias sociales no son concluyentes, ¿en qué medida pueden ser objetivas (tema 9)? ¿Y cuál es su relación con nuestros juicios normativos —morales y políticos (tema 10)?

En resumidas cuentas, los objetivos del curso quedarán satisfechos si nuestros estudiantes aprenden qué es una explicación científica, qué tipos existen (y cuáles son sus ventajas e inconvenientes), y cómo articular una explicación intencional sobre el comportamiento individual de agentes racionales.