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GUÍA DOCENTE: DESCRIPCIÓN DE LA METODOLOGÍA DE LA ASIGNATURA


Orientaciones generales
Estructura de los capítulos de nuestro manual
Materiales adicionales: ¿cómo usarlos?
Periodización



 

 

1 Orientaciones generales


Lo que es verdad para la inmensa mayoría de las materias de estudio, es aún más cierto en el caso de la filosofía: el objetivo que uno se debe plantear al enfrentarse a ellas no es el de “memorizar unos apuntes” (o, en este caso, un libro) de tal manera que pueda reproducirlos casi fotográficamente en el examen... aunque al cabo de pocos días ya no recuerde nada de lo que estudió. La verdadera finalidad básica es, por el contrario, la de adquirir la capacidad de percibir una parcela de la realidad previamente ignorada, o sólo superficialmente comprendida. A menudo se dice que lo que uno debe hacer con las asignaturas es “comprenderlas”, pero, en nuestro caso, nos atrevemos a ir más allá, y le recomendamos al alumno que se tome su tarea, en cambio, como la de dejar de comprender lo que pensaba que comprendía. No queremos tanto sustituir la ignorancia por el saber, sino más bien las certezas por dudas reflexivas. No partimos de la suposición de que el alumno es “ignorante”; al revés, pretendemos hacerle utilizar todas las cosas que sabe (y a estas alturas, ya sabe muchas) para que mire hacia sus fundamentos y se pierda junto a nosotros en los laberintos (y a veces callejones sin salida) que encontrará en esta excursión. Dos famosos filósofos de la ciencia austríacos formularon en el período de entreguerras sendas imágenes similares sobre el conocimiento científico, y muy diferentes a la tradicional idea de buscar la certeza absoluta como fundamento primero del saber: Karl Popper comparó a la ciencia con una construcción en palafitos, cabañas de madera cuyas vigas están clavadas en el fango, sin tocar fondo, y que sólo se hunden hasta donde resulta útil; Otto Neurath fue más allá y la comparó con el casco de un barco cuyas averías deben ser reparadas en altamar, sin la seguridad de un puerto seco. Es esta sensación de riesgo intelectual y de crítica permanente la que quisiéramos transmitir a nuestros alumnos. Sin duda dicha actitud es más necesaria todavía en el caso de las Ciencias Sociales, donde los dogmatismos son más susceptibles de generar víctimas de carne y hueso que en otras áreas del saber.

Teniendo en cuenta lo anterior, tanto la presente Guía Didáctica como las propias pruebas presenciales de la asignatura han sido concebidas de tal manera que la estrategia de “memorizar” esté condenada al fracaso. Como decíamos más arriba, pretendemos en cambio que el alumno utilice sus conocimientos (los adquiridos en otras asignaturas, o en su trabajo, o en sus lecturas, o mediante la atención a la realidad de cada día) para contrastarlos con las afirmaciones que se hacen en las páginas de este libro. Así, desearíamos que, en vez de limitarse a “aceptar” las ideas contenidas aquí, considere más bien si le parecen aceptables o no, en función de sus propias opiniones o saberes sobre estos y otros asuntos relacionados... Y de la misma forma, desearíamos que utilizara las tesis o sugerencias que encontrará en esta obra para someter a crítica aquello que pensaba que “sabía”. De esta manera, las dos preguntas permanentes que el lector de este libro debería hacerse a lo largo de todas y cada una de sus páginas son:

  1. ¿Es esto como me están diciendo? ¿Qué argumentos podría yo aportar en contra de ello? (Bueno, tampoco nos enfadaremos si añade alguna vez algún otro argumento “a favor”).
  2. ¿Qué cosas, en las que yo creía, deberían ser falsas si aceptamos lo que dice aquí?

Básicamente, los exámenes de la asignatura consistirán en poner a prueba si el alumno ha llevado a cabo este tipo de reflexiones lo suficientemente a menudo. Un examen “inteligente y bien informado” está a medio camino entre una repetición memorística y una pura elucubración. De lo primero se diferencia en que pone de manifiesto una capacidad de reflexión crítica y racional; de lo segundo, en que no especula sobre el vacío, sino sobre datos y teorías realmente formuladas, aunque sea para expresar su desacuerdo con todo ello (al fin y al cabo, cuando se “entiende” algo, ese algo también se “sabe”). Por otro lado, como indicamos en la “Guía del Curso”, la claridad intelectual también debe ir acompañada de claridad en la exposición, en la expresión, y en la presentación. Tenga en cuenta que hemos de corregir centenares de exámenes, y el trabajo se hace mucho más pesado (y el resultado mucho más contraproducente para el alumno) si primero tenemos que “descifrar” el contenido.




2 Estructura de los capítulos de nuestro manual


Los capítulos en los que está dividió nuestro manual (salvo el Tema 1, del que hablaremos más abajo) tienen la siguiente estructura. En primer lugar, la parte principal de cada unidad consiste en una exposición, confiamos en que bastante clara, de los contenidos fundamentales relacionados con el tema correspondiente. Los apartados en los que está dividida esta exposición pueden utilizarse como “unidades mínimas” de estudio. Estaría bien que el alumno hiciera un breve resumen personal o un esquema de cada apartado, indicando los aspectos que le han resultado más difíciles en las primeras lecturas.

A continuación se definen unos cuantos “Conceptos fundamentales”. No queremos decir que ellos sean los únicos (ni siquiera los más) importantes del tema. Más bien lo planteamos como un “glosario” en el que se intentan aclarar algunos conceptos difíciles. El alumno puede intentar añadir definiciones de otros conceptos que le parezcan relevantes, o nuevas definiciones, tal vez más apropiadas, de los que sí aparecen incluidos.

En tercer lugar ofrecemos un pequeño conjunto de textos de otros autores, representativos de los problemas básicos analizados en cada unidad. Hemos intentado que los textos ofrezcan una muestra de la gran variedad de posibles enfoques que se han desarrollado sobre cada problema a lo largo del tiempo, pero, naturalmente, la muestra es muy pequeña. De ahí la importancia de complementar la lectura de nuestro texto con otras obras, en la medida de lo posible, y especialmente en el caso de aquellos temas que le parezcan más interesantes al alumno. Además de las referencias bibliográficas incluidas al final de cada tema, en la página web de la asignatura puede encontrar otros materiales útiles.

Por último, cada unidad plantea una serie de ejercicios que el alumno debería intentar responder. En general, se trata de que intente aplicar los conceptos abstractos estudiados en cada tema a casos más concretos, o que busque ejemplificaciones, o que comente algún aspecto especialmente polémico de nuestra exposición o de los textos incluidos.

Por su parte, el Tema 1 no constituye por sí mismo una “materia de examen” específica, sino que es una brevísima y muy simplificada introducción a algunos de los conceptos y problemas fundamentales de la “filosofía general de la ciencia”. Aunque pensamos que esta materia es un requisito imprescindible para tener una comprensión medianamente aceptable de la “filosofía de las ciencias sociales”, el carácter cuatrimestral de nuestra asignatura nos ha decidido a limitar drásticamente el espacio que dedicamos a las cuestiones más generales. No obstante, el alumno ha de tener en cuenta que el contenido de la primera unidad le servirá para orientarse mucho mejor en el resto de la obra, y que, además, el hecho que en el examen dé muestras de conocimiento y comprensión de los aspectos generales de filosofía de la ciencia (aunque sea al responder a preguntas más específicas) supondrá siempre una mejor valoración.




3 Materiales adicionales: ¿cómo usarlos?


Durante estos años venimos desarrollando algunos materiales adicionales:

  • Esquemas: Os ofrecemos una colección de esquemas. Desglosan el contenido de cada tema del manual y proporcionan un mapa del contenido que conviene consultar antes de adentrarse en cada capítulo.
  • Cuestionarios de autoevaluación: Son preguntas de respuesta múltiple con explicación, que recomendamos usar para repasar los conceptos esenciales de cada tema.
  • Artículos complementarios: textos en castellano, publicados en revistas académicas y libremente disponibles en la red, que sustituyen (total o parcialmente) el contenido de algunos capítulos. Hemos desarrollado cuestionarios sobre algunos de ellos a los que el alumno puede responder para comprobar su grado de comprensión.
  • Ejercicios de autoevaluación: en cada tema del manual se incluyen ejercicios de autoevaluación que hemos ido realizando semanalmente con nuestros alumnos durante el curso. Ofrecemos nuestros comentarios a las respuestas de algunos de ellos.

4 Periodización


Según nuestra experiencia docente, el curso puede seguirse en 10 semanas, dedicando una semana a cada tema. Es difícil estimar las horas que lleva estudiar cada tema, pues depende de la formación previa de cada estudiante (y su dificultad varía). En todo caso, cada tema no debiera exigir más de 3 horas de estudio, más 2 dedicadas a resolver los ejercicios o cuestionarios de autoevaluación.