La MicroeconomÃa I que va a cursar le anticipo que deberá hacer usted un esfuerzo de abstracción y poner a prueba sus conocimientos matemáticos si quiere superar esta asignatura. No obstante, le pido un poco de paciencia y algo de esfuerzo. Yo, por mi parte, he tratado de hacerle la asignatura lo más llevadera posible, comenzando con esta breve introducción en la que intentaré explicarle el por qué de su abstracción y cuál es el hilo conductor que guÃa las lecciones en ella incluidas.
Abordemos muy sucintamente el análisis de los problemas económicos a los que nos enfrentamos habitualmente. Cada consumidor, es decir cada uno de nosotros, debe tomar todos los dÃas decisiones económicas: debe elegir las cantidades de bienes que consume (alimentos, ropa, transporte,...), y para ello debe contar con su presupuesto, que salvo escasÃsimas ocasiones es limitado. Obviamente, todos elegiremos aquellas combinaciones de bienes que más nos convengan, o dicho en lenguaje económico, que maximicen nuestra utilidad. De ahà surgirán las funciones de demanda, que no son más que la expresión matemática de la relación entre las cantidades que quiere comprar de cada bien y sus variables explicativas. A partir de ellas podremos representar los bienes en función de cómo respondan a los dos elementos que, incluso intuitivamente, se pueden considerar la clave en la mayorÃa de esas elecciones: los precios y la renta. De esas reacciones surgen las definiciones de bien de lujo, de primera necesidad o inferior, o la otra clasificación de bienes sustitutos, complementarios o indiferentes. Note que si bien esas definiciones no se ajustan a los conceptos que utilizamos en términos coloquiales, especialmente en los casos de bienes de primera necesidad y de lujo, ello se debe a que en EconomÃa somos más precisos con el lenguaje que en su uso cotidiano. De hecho, como podrá comprobar a lo largo del estudio de las lecciones, cualquier bien puede ser de lujo o de primera necesidad dependiendo del individuo, de su función de utilidad, y de la renta. Como más adelante verá, todos los bienes comienzan siendo de lujo, para rentas bajas, y acaban siendo inferiores, para rentas lo suficientemente altas (el automóvil era un bien de lujo en la España de los años sesenta del siglo XX, donde todos aspiraban a tener coche en cuanto mejoraba su situación económica, y hoy en dÃa es un bien de primera necesidad, e incluso inferior para un colectivo cada vez mayor que lo sustituye por los aviones en sus viajes al exterior y por los taxis en las grandes ciudades).
Otro de nuestros problemas diarios consiste en decidir cuántas horas dedicamos a trabajar. Plantearlo a través de un problema de optimización, es decir, tratar de buscar la mejor solución, parece lógico. Y dado que el ocio no es más que "la otra cara" del trabajo (la otra posibilidad de utilizar nuestro tiempo, al menos en principio), la elección entre trabajo y ocio, y partir de ella de consumo (sin trabajo no hay renta, y sin renta no hay consumo) y ocio está servida.
Pero nuestra realidad cotidiana es mucho más compleja. Para empezar, porque nuestras elecciones están sujetas a incertidumbre: no sabemos lo que nos va a pasar a mañana, ni siquiera si estaremos vivos. Nada es seguro, y nuestras elecciones se ven afectadas por esa inseguridad. Además, tampoco tomamos las decisiones de cada momento sin tener en cuenta lo que hicimos en el pasado y lo que haremos en el futuro. Es decir, el horizonte temporal también cuenta en nuestras acciones. Compras como las del automóvil o la vivienda tienen el tiempo como un elemento fundamental en su decisión: casi nadie podrÃa comprarse un coche o una casa al contado, sin una programación temporal de los pagos; y eso condiciona lo que nos gastamos en los otros bienes en cada momento.
Finalicemos con algunos temas que habitualmente no se tratan en los manuales de MicroeconomÃa del consumidor de segundo curso, pero que a mi me parecÃa interesante incorporar para que los alumnos vean lo cerca que a veces podemos situarnos de la realidad: los individuos no vivimos aislados sino en familia, y dentro de ella tomamos nuestras decisiones, que se verán influenciadas por lo que hagan los otros miembros (creo que pocos adultos irÃan por su propio gusto a ver "La Sirenita", pero sus hijos se lo demandan, por poner un ejemplo de los muchos posibles). Y a la vida familiar hay que dedicarle tiempo, aunque sólo sea para "elaborar" los bienes (cocinar, planchar,...). Por último, hay otra gran decisión que muchos manuales no incluyen: lo que ganamos, nuestro salario, está muy influenciado por los conocimientos de todo tipo que tenemos acumulados. A eso en EconomÃa se le denomina capital humano. Y para formar ese capital humano también necesitamos tiempo que hemos de restar de otras actividades, como el trabajo o la familia.
Esta es más o menos una descripción de nuestra realidad, que podemos resumir de la siguiente forma: elegimos entre un número muy amplio de bienes que pueden ser clasificados de formas muy diferentes dependiendo de su "reacción" a la renta y a los precios; para ello contamos con una renta que procede de nuestro trabajo, que depende del número de horas que dedicamos y del grado de cualificación que tenemos. Por si faltaba algo, vivimos en un mundo incierto, y, dado que no vivimos un sólo perÃodo, tomamos nuestras decisiones sujetos a un horizonte temporal. Por último, vivimos con otros miembros de la sociedad, a los que debemos dedicar parte de nuestro tiempo y que influyen en nuestras decisiones lo mismo que nosotros influimos en las suyas. ¿Cree usted que hay alguna posibilidad de modelizar el comportamiento de agentes como nosotros sin simplificarlo? DifÃcil y, sobre todo, de una complejidad matemática altÃsima, no recomendable para alumnos de segundo curso.
Pues para ir modelizando poco a poco ese comportamiento está la MicroeconomÃa del consumidor. Nuestra misión es ir simplificando, a través de los supuestos, hasta que obtenemos un modelo sencillo pero que a la vez es coherente con lo que experimentan los individuos. Es evidente que no explicamos todo, pero hacemos una aproximación genérica a ese comportamiento.
Para empezar agrupamos todos los bienes a los que nos enfrentamos en dos. Asà el problema de optimización se puede plantear tanto en términos matemáticos como, y esto es muy importante para poder captarlo, especialmente a distancia, realizando un análisis gráfico. Ahora ya no elegimos entre muchÃsimos bienes, sino entre dos grupos de bienes, lo que simplifica enormemente tanto la restricción presupuestaria como la función de utilidad, y permite soluciones fáciles a las funciones de demanda.
Otros supuestos simplificadores que hacemos, al menos para plantear el problema inicial, es que la renta no depende del trabajo (tenemos una renta que no se sabe de donde viene pero que nos permite demandar bienes); que cada individuo tomas sus propias decisiones, sin estar influido por nadie; que tiene plena certidumbre; y que solo considera el perÃodo en el que vive.
A partir de aquà el modelo se puede plantear de forma sencilla tanto matemática como gráficamente, y las soluciones también lo son. Esto permite, además, comprobar cómo se comportan los bienes cuando cambian los parámetros básicos: la renta y los precios. Cualquiera de nosotros querrÃa saber cómo va a reaccionar ante aumentos de los precios y/o de la renta. Y para los gobiernos tener una aproximación a esos cambios (lo que denominamos la elasticidad) es también muy importante. Le voy a poner un ejemplo: el precio del petróleo ha subido casi un 25% el año 2005. Para el gobierno era clave conocer cómo iban a reaccionar los individuos (la elasticidad) ya que una parte importante de sus ingresos depende de los impuestos de los carburantes. Si se hubiese producido una reacción muy fuerte (un descenso muy acusado de la demanda por una elasticidad mayor que 1) los ingresos habrÃan disminuido, lo que habrÃa sido una mala noticia para el gobierno y las petroleras. Por el contrario, como la demanda ha reaccionado escasamente, todos, menos los que pagamos el precio de la gasolina, han salido beneficiados.
Y este ejemplo se liga con otras dos lecciones que a algunos alumnos les cuesta entender: la agregación y los conceptos de excedente del consumidor, variación compensada y variación equivalente. Si no todos los individuos somos iguales, tampoco nuestro comportamiento como consumidores deberá ser igual. Y de ello se deriva que las funciones de demanda tampoco lo son. Por eso cuando agregamos las demandas de grupos de individuos con caracterÃsticas distintas la curva de demanda agregada no es una lÃnea recta, sino una lÃnea con diferentes tramos. Y qué decir de los otros conceptos: el excedente del consumidor es la diferencia entre lo que está dispuesto a pagar y lo que paga, y las variaciones compensatoria y equivalente hacen referencia a lo que hay que dar al individuo para mantenerle igual que antes o para compensarle por los cambios en los precios. Parecen ideas muy simples, incluso tontas, pero su aplicación en cuestiones tales como las compensaciones en las pensiones por las subidas del IPC permitirÃa una distribución más justa que la que actualmente se aplica.
La parte de la asignatura destinada a teorÃa del consumidor se cierra con ampliaciones que, como comentaba al principio, tratan de aproximarse algo a la realidad. Eso sÃ, de una en una para que la complicación no sea excesiva: elección consumo/ocio; incertidumbre; y elección intertemporal. La lección de las economÃas domésticas es técnicamente mucho más compleja, asà como la teorÃa del capital humano, y por eso la primera no suele entrar en los exámenes mientras que la segunda lo suele hacer con preguntas tipo test. Y la minimización del gasto no es más que mirar al problema de optimización del consumidor desde la otra acera: en vez de tratar de llegar a la máxima utilidad con la renta que tengo y los precios, lo que hago es fijar la utilidad a la que quiero llegar y preguntar cuál es el mÃnimo gasto que me permite acceder a ella. Sencillo asà planteado, algo más complejo matemáticamente.
Finalmente, tres lecciones se dedican a analizar el comportamiento de la empresa, pero en este caso además de simplificar lo que hacemos es plantear el problema en términos de lo que "deberÃa ser" en lugar de lo que es. Las empresas deberÃan utilizar una función de producción para combinar sus factores productivos, y deberÃan buscar tanto la eficiencia técnica como la económica. Otra cosa es que puedan hacerlo. Además, también deberÃan conocer su estructura completa de costes para poder maximizar su beneficio, opción que deberÃan tomar en su proceso de optimización. Y si el mercado fuera de competencia perfecta, el mercado que deberÃa regir los dictados de la economÃa según los economistas ortodoxos, las soluciones de optimización deberÃan ser las que se incluyen. A partir de aquÃ, la introducción de imperfecciones en los mercados la dejamos para la MicroeconomÃa II.
Este es el planteamiento base de la asignatura. Nuevamente le
recomiendo que tenga esta estructura de abstracción en mente. Porque si
una vez superada quiere profundizar en la microeconomÃa del consumo los
caminos que se le abren son múltiples. Y van desde la eliminación de
supuestos (haciendo modelos cada vez más complejos) a planteamientos
menos ortodoxos (una buena y sencilla introducción la pueden encontrar
en los trabajos de Robert Frank), pero que les entroncan con un mundo
más real y con una materia de la economÃa que seguro que siempre les ha
parecido más cercana, el marketing: aunque pueda parecerles mentira (de
hecho se lo parece incluso a algunos expertos de marketing) sus
fundamentos se pueden encontrar en la teorÃa económica del
consumidor.
